martes 24 de noviembre de 2009

Sabanagay

La editorial Alfa presento hace unos días el libro Sabanagay. Disidencia y diversidad sexual en la ciudad, un avance importante en cuanto a estudios sobre diversidad sexual (y, en algunos casos, desde la propia diversidad) en nuestro país, tan atrasado aún en ese aspecto. Siendo una editorial venezolana, supongo que en la capital ya se podrá encontrar el libro en cualquier librería y pronto igual en todo el país.

Coordinado por el sociólogo Carlos Colina, y en el que participan académicos y profesionales destacados, Sabanagay. Disidencia y diversidad sexual en la ciudad representa un aporte imprescindible en el debate contemporáneo de la sexodiversidad. Publicado por Editorial Alfa y el Instituto de Investigaciones de la Comunicación (ININCO) de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela (UCV), este estudio hace alusión a la Sabana Grande caraqueña en proceso de apropiación cultural por parte de los colectivos GLBTI (gays, lesbianas, bisexuales, transgéneros e intersexuales). Esta “zona rosa” de la capital –aquella que concentra el mayor número de sitios de ambiente-, sigue convocando a l@s sexodivers@s, a pesar de padecer de la inseguridad ciudadana, la anarquía de los comerciantes informales, el desbordamiento de basura y el deterioro de su patrimonio urbanístico y arquitectónico.

El tema central del libro es el surgimiento de espacios urbanos homosexuales y su significación para los modos de vida de la población GLBTI, para el ejercicio de sus libertades y sus derechos humanos. Aun cuando la sexodiversidad venezolana no se circunscribe a la territorialidad, la Sabana Grande capitalina ha operado como su santuario; Sabana Grande se transmuta de esta forma en Sabanagay, término que puede ser homofóbico pero también, especialmente, el indicador de un proceso de apropiación cultural de tipo espacial y lingüístico, y adquirir, entonces, un carácter plenamente positivo.

Colaboran en este volumen, producto de la compilación de trabajos presentados en el coloquio Minorías sexuales (GLBTI) en las ciudades: espacios territoriales, simbólicos, virtuales e imaginarios, celebrado en la Universidad Central de Venezuela (UCV) el 17 de octubre de 2008: Alexis Alvarado, Carlos Gutiérrez, José Fernando Benítez, Gisela Kozak, José Antonio Barrios, Elizabeth Pazos, Juan M. Mejías, Rodrigo Navarrete, Oscar Cáceres y Jorge González. (Editorial Alfa)

jueves 19 de noviembre de 2009

Informes sobre Homofobia, Violencia e Impunidad contra la Comunidad LGBT en Venezuela

En 2003 la organización Acción Ciudadana Contra el SIDA publicó el Primer Informe sobre Impunidad en la Violación de los Derechos Humanos de la Comunidad LGBT en Venezuela, resultado de una investigación cuantitativa basada en una muestra de 76 personas en Caracas. El diagnostico arrojado, aunque no sorprende en absoluto, lo pone realmente triste a uno.

En 2008 se repite el estudio dando a lugar un Segundo Informe Diagnostico. Si bien los resultados denotan una leve mejoría, la situación sigue siendo pesima. Sigue imperando impunemente la homofobia y la discriminación explicita hacia las personas no heterosexuales no sólo en la vida cotidiana sino también dentro de aquellos organismos que más bien deberían velar por el reconocimiento y respeto de los derechos de todos los ciudadanos. Por otra parte, este segundo informe deja ver un importante avance en el movimiento LGBT venezolano que se evidencia en la mayor organización conjunta de diversos grupos LGBT, así como en la mayor rigurosidad científica de la investigación (la muestra asciende a 742) y el mayor alcance de los resultados (además de la muestra en Caracas, se encuestaron 200 personas entre Mérida y Maracaibo).

De los resultados globales lo que más llama la atención (a mi, por lo menos) es la actitud de la propia comunidad, ya que la homofobia, la discriminación y la segregación tienden a aceptarse como aspectos inalterables de nuestra realidad. Una actitud a medio camino entre la resignación y el conformismo que, evidentemente, se halla enraizado en el desconocimiento pero también en la apatía. En razón de ello, para hacernos más letrados y concientes, esta nueva sección de RECURSOS, donde se publicaran, se archivaran y/o se linkearan documentos, archivos audiovisuales, libros, etc. acerca del tema de la diversidad sexual y cosas parecidas; y que se inaugura precisamente con la puesta a disposición de estos dos informes que esperamos se sigan publicando cada lustro.

miércoles 11 de noviembre de 2009

el closet y salir de él

El closet es un mecanismo curioso de auto-defensa pero también de legitimación del orden del que efectivamente hay que defenderse. Salir del closet es, entonces, exponerte, es apartar un poco el muro protector y dejar que lo malo te alcance, te toque, te destruya a ratos, te de fuerzas a veces. Según teóricos como Foucault, el salir del closet es un proceso donde la confesión es tanto liberación como cárcel, porque si salir del closet es afirmar la propia homosexualidad, es también encasillarse en esa categoría que externamente la sociedad le impone a uno. Pero la teoría no siempre tiene total asidero en la realidad en tanto en ella hay demasiadas variables involucradas, más de las que una hipótesis a priori suele tomar en cuenta. Por ello, muchas veces, las más de las veces, se trata de improvisar, de ir sacando armas, de írselas inventando a medida que la batalla se va dando.

Hace como dos semanas mi papá me preguntó si soy gay.

En mi mente aquel momento algún día llegaría pero, hasta cierto punto, uno nunca llega a preparase del todo para cosas así. No obstante, siempre tuve claro que de decírselo a mis padres lo haría sólo cuando ellos estuvieran listos para saberlo, esto es: cuando me lo preguntaran. Así que, ante la pregunta mi respuesta fue un si, medio camuflajeado pero suficientemente contundente. La afirmación significo revivir ese terrible momento de la vida en que uno empieza a descubrir que no es heterosexual a expensas de la ideología dominante y a expensas de ese discurso que insiste en hacerte sentir enfermo y sucio. Toda esa sensación de inadecuación ha revivido en la medida en que el discurso ha vuelto a aparecer o, por lo menos, ha vuelto a afectarme casi como antes sobretodo porque ahora viene de mi padre. Sería injusto decir que su reacción fue la peor. Podría decir incluso que, dentro de lo que cabe, fue la mejor: luego de un silencio resignado hubo como una contención de lágrimas, una mirada vacía. Sin embargo, es claro que en ese silencio esta contenida todo la condena, en la resignación que no sólo pude percibir sino que después él mismo la ha puesto en palabras, está ese repudio que me hace sentir que estoy mal, que soy algo malo o que, por lo menos, hay algo malo en mi. En ese preguntarse por qué, en ese culpabilizarse, en buscar el error que cometió conmigo, en esa solapada solicitud de «discreción», en esa exaltación de lo bello que es ser padre (esto es, reproducirse con una hembra) está esa conminación al closet.

Pero con todo y todo, he aprendido cosas. Dos de ellas me impresionaron particularmente:
Primero, el ver como de verdad la ideología se hace cuerpo en la gente. No hay un ápice de duda en mi papá que ser homosexual es algo malo, anti-natural, a-normal, aunque no siempre este dispuesto a admitirlo. A veces, resulta hasta cómica la forma en que trata de conciliar su cerrada mentalidad con la «necesidad» de aceptar mi homosexualidad.

Luego, pareciese que hablásemos idiomas diferentes él y yo, como si los códigos comunes no sirvieran en estos casos. Así, he constatado, por desgracia, como cuestionar la exclusiva «naturalidad» de la heterosexualidad no es una posibilidad en ciertas mentalidades.

Ahora mi papá quiere decírselo a mi mamá, no a modo de acusarme con ella ni nada por el estilo. Simplemente dice que ella «debe» saberlo también. En cierta forma tiene razón, y en efecto, aunque creo que ella nunca llegaría a preguntármelo como lo hizo él, también debe estar preparada para saberlo porque, entre otras cosas, los indicios son suficientes como para asumirlo. Mi papá me ha propuesto que vayamos a una psicóloga para que hable con ella (con mi mamá) y también con él para que se les haga más fácil entenderlo y aceptarlo, lo cual me pareció bien; pero también me dijo que mejor lo hacíamos después de diciembre para no «echarle a perder las navidades» a mi mamá (hablando de esas sutiles e inocentes formas de hacerme sentir mal).

En definitiva, aceptar la homosexualidad sea de uno mismo o de un otro cercano es inevitablemente un proceso de confrontación con el entorno social y, por tanto, es siempre un proceso conflictivo; yo pase por él, mis padres ahora tendrán que hacerlo también. Pero, independientemente de que ese proceso se complete en ellos o no, siempre tendré la seguridad de que no estoy engañando a nadie con lo que soy y tendré la oportunidad de defender lo que creo sin miedo a que mi mamá pueda pensar o darse cuenta de algo. Por eso, al final, puede que la «confesión» tenga algo de cárcel como dice Foucault pero debemos admitir que también tiene mucho de liberación.

lunes 9 de noviembre de 2009

Mentalidades Tercermundistas.



El "profesor" Pedro Lava definitivamente es una joyita, si alguno de ustedes fue lo suficientemente fuerte como terminar de ver el vídeo sin reventar el monitor de su computadora a batazos y esta leyendo esto en este momento, pues entérese que el profesor fue destituido de su cargo una vez que el vídeo visto arriba se hizo publico.

Mas que para criticar el errado discurso, la actitud y la pobre mentalidad de este señor, hago este post para hacer una pregunta general; se quedarían ustedes callados si estuviesen en presencia de un acto de esta categoría de la misma manera en que todos los que estaban en ese salón de clases lo hicieron?

Deja un comentario con tu opinión y déjanos saber lo que piensas de esta situacion.

Si, yo soy el nuevo colaborador.

Mi sobrenombre es Bun
Soy un artista de 21 años de edad viviendo en la era 2.0 y a partir de hoy estare formando parte de "Rara gente, rara" para postear sobre temas y situaciones de interés general en el ambito GLBT desde un punto de vista muy bizarro e irreverente.

Espero disfruten leyendo mis excentricidades.

;)

domingo 8 de noviembre de 2009

El amor gay, de Arturo Pérez-Reverte.

Tropecé con una reflexión del escritor español Arturo Pérez-Reverte que me provocó compartir con ustedes. Mis mejores deseos para todos (¡y felicitaciones a Pablö por la tesis!):

Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminando por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado.

Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.

Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos.

Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos, callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los vi cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.

Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa.

Largas adolescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad. La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara.

Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que algunos –muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.

A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar, condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura.

Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo.

Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuántos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.

jueves 5 de noviembre de 2009

ser raro

Ante todo, explicaré el por que he estado desaparecido durante estos últimos meses. Pues, la razón es que he estado haciendo mi tesis. Asumí que mientras menos ocupaciones tuviese, más rápido la terminaría, así que me quede con las responsabilidades verdaderamente obligantes y las demás o las deseche o las hice a un lado temporalmente (este blog, por ejemplo). Hoy le entregue la tesis a mi asesora (¡todo el informe ya, completito!), así que digamos que es momento de volver (al menos, mientras espero sus correcciones, etc.).

Dicho esto, prosigo…

*


Ya he hablado antes de José Miguel Villouta, un niño chileno que amo desde hace años. Pues, hace unos días descubrí que Villouta ha crecido: de su blog personal tipo «cuenta gratuita de Blogger» pasó a tener un espacio propio en una página de espectáculo y comentarios chilena y ahora tiene toda una Web de temática gay dirigida por él. Pero este post no es para elogiar los logros de este señor, ni siquiera para reconocerlos. Viene al caso es porque el otro día, el mismo día que descubrí su nueva hazaña virtual, me encontré con un debate (léase: contrapunteo entre Villouta y sus visitantes a través de los comentarios) que estaba causando cierto revuelo en esos predios virtuales: la cuestión es que Villouta es un tipo totalmente masculino que se siente atraído únicamente, según dice, por los tipos muy machos, por ese prototipo de hombre que él mismo ha llamado «gay alfa». A Villouta no le gustan las «locas fuertes» y no tiene pelos en los dedos para teclear esas dos palabras que ha cualquiera le podrían parecer un insulto, una vulgar expresión de homofobia. En efecto, muchos de sus comentaristas lo han catalogado nada menos que de homofóbico. Pero Villouta no se queda callado y (apoyado por uno que otro comentarista) defiende su derecho a sentirse atraído exclusivamente por hombres masculinos al tiempo que defiende también su derecho de anhelar ese ideal de masculinidad para sí mismo. Y lo vuelven a tildar de homofóbico. Y Villouta responde con lo mismo pero con otras palabras. En fin, así sigue la cuestión, hasta que, digamos que para terminar, Villouta remata la discusión con un post donde defiende abiertamente este gay macho, virilizado y alfa, claro ejemplo de esa estirpe masculina hegemónica, ya no sólo como su objeto de deseo preferido o como su modelo a seguir, sino como el «fin de la opresión» de los gais. Esto se basa, claro, en una ecuación tan simple como ingenua: si en el patriarcado en el que vivimos el macho alfa es el sujeto dominante por antonomasia, los gais deberíamos convertirnos todos a ese prototipo de «gay alfa» (lo mismo que el macho alfa pero en versión gay) para adquirir poder y dejar atrás la opresión.

Ahora bien, digamos que en los gustos no me puedo meter. Esa es ya una cosa más de libertad y de intimidad. Pero que me vengan a decir que un gay porque sea más masculino que yo va producir algún cambio significativo en la sociedad o, mejor aún, que si todos los gais fuéramos masculinos o aspiráramos a serlo la opresión sería una cosa del pasado es ya trasladarnos a otro nivel. Para empezar, pongamos entre paréntesis lo que hay detrás de esa discusión que resumimos arriba. ¿En que terreno nos movemos cuando decimos que queremos ser un «hombre de verdad» o cuando proponemos como sujeto de una presunta revolución a la «loca fuerte» que menciona Villouta? Está claro que en un terreno totalmente minado donde tenemos todas las de perder, una vaga reproducción del «ser hombre» y el «ser mujer», que, en última instancia, nunca nos llevará a nada (o, por lo menos, a nada distinto de lo que ya tenemos) pues se funda precisamente en la misma lógica binarista que nos dice que o bien somos una cosa o bien somos la otra, o bien somos homosexuales o bien somos heterosexuales. Villouta tiene toda la razón cuando critica a esa tendencia gay izquierdista que asume que el hombre porque sea femenino ya está «subvirtiendo» el sistema dominante, pero cae en el mismo error al proponer al «gay alfa» en esos mismo términos. Porque los moldes imperativos, en cualquier caso, son siempre la misma cosa pero con diferentes nombres, categorías impuestas demasiado tristes, aburridas, arcaicas, cerradas y limitantes.

Yo no quiero ser «hombre» ni quiero ser «mujer», yo no quiero entrar a formar parte de ese juego de opuestos donde uno siempre es claro y radiante y el otro se simplemente eso: el otro lado, oscuro y defectuoso. Yo no quiero tener que amoldar mis maneras y mis posturas para encajar en una u otra categoría. Eso me da demasiada flojera mental como para llevarlo a la práctica. Yo prefiero ser raro, si, dentro de lo que cabe y dentro de mis posibilidades, yo prefiero ser lo que soy sin estar buscando en mí esa esencia de lo que «debo ser». Yo prefiero ser raro y que nadie me venga a decir lo que «ser raro» es. Por eso si alguna vez me provoca ponerme unos tacones, lo haré, por la misma razón que si alguna vez me provoca estar con una mujer, también lo haré. Yo no tengo porque demostrarle a nadie que soy «hombre» o «mujer», «homosexual», «gay» o «heterosexual». Ni siquiera tengo por que decirlo. Puede que viva según una categoría para hacer más simples las cosas, pero sé --porque lo sé-- que toda categoría es provisional, que toda identidad es contingente y eso, eso definitivamente me da mucho más poder que ser un «hombre de verdad».

lunes 7 de septiembre de 2009

Sigamos en la vida nocturna

Han pasado como ya como dos meses desde la última vez que fui a un sitio de ambiente. No lo cuento como si estuviese considerando que es algo trágico, al contrario. Hubo un momento, luego que conocí a esos 2 chicos que eran hermanos del alma en el que empecé a preguntarme si en verdad valía la pena. Y entre las muchas cosas accesorias que ellos me dijeron tipo “ya casi no se consiguen hombres” o “a mi me gustan son las fuertes” hubieron otras que me inquietaron mucho, como cuando uno de ellos prácticamente me confeso que para él era imposible dejar de ir a discotecas, sería como dejar de comer, y de hecho así fue, por que tiempo después lo sacaron de la residencia donde vivía, pero inclusive en esa trágica semana no falto a su cita con el antro. Yo jamás entendí su comportamiento, pero me si yo algún día terminaría así. Me había embarcado en una supuesta investigación sobre la principal droga de los gays y en el proceso yo también me estaba convirtiendo en un dependiente. Tanta fiesta, tanto toqueteo prohibido entre bailes, tantas bebidas diferentes y tantos hombres con actitudes inalcanzables de repente se vuelven más adictivos que una onza de la famosa hojita verde. Súbitamente llegaba el jueves y no podía pensar en otra cosa que ir al antro.

Algunas semanas después, me preguntaba si la adicción era por el ardiente sexo casual, por el show, por la bebida o por algo mucho mas inalcanzable pero no por ello menos esperanzadora: el encuentro con ese ser especial que nos rescatara de ese lugar pestilente a cigarrillos que en el fondo nunca nos gusto, y que nos llevara a un lugar mas tranquilo de cafés los viernes, restaurantes los sábados, películas los domingos, y por que no, sexo ardiente y sin sorpresas. Me pregunte si no éramos algunos adictos ya a esa búsqueda eterna de un ser especial que en el fondo no sabemos si existe ¿Qué acaso no me volvería adicto yo a un lugar que me trajera al menos la mas mínima esperanza de encontrar un amante que me dure más de una semana?

Desde que llegue a esa conclusión deje de preocuparme cuando alguien dice que los gais somos putos sin corazón que vivimos en un mundo de discotecas y fiestas, pendientes de sexo, por que aunque en cierto punto de la vida te sientas lo más top, llegara un momento en que la realidad tocara tu puerta y entenderás que en fondo estabas ahí por una sola razón: Encontrar con quien compartir un macciatto en las tardes.

sábado 29 de agosto de 2009

¿Y si fuese en español?

Gracias a este colectivo he conocido mucha música abiertamente gay/bi. Por supuesto, el género, si se le puede llamar así, no es nuevo. Lo que me llama la atención de lo que escucho ahora es que las letras están completamente fuera del closet. ¡Me encanta!


¡Wow! Avanzaríamos mucho en Latinoamérica si empezaran a aparecer canciones como ésta, de Ivri Lider, o más videos como el de Sigur Ros, el cual les dejo a continuación. La traducción al español la encuentran en mi blog. Igual se las dejo al final.




Acerca del video de esta entrada

Tema: Buen tiempo para ataques aéreos (viðrar vel til loftárása)

Por: Sigur Rós (banda islandesa)/ Cd: ágætis byrjun (1999)

Letra (traducción libre de los subtítulos en inglés):

Me dejo fluir / Nado a través de mi mente yendo y viniendo / Mi alma sigue cantando la canción que una vez escribimos juntos / Una vez tuvimos un sueño / Lo teníamos todo / Cabalgamos hasta el fin del mundo / Cabalgamos en la búsqueda / Escalamos rascacielos, pero todos fueron destruidos /Ahora la paz se fue / Pierdo el equilibrio, me caigo /Aun así, me dejo fluir / Nado a través de mi mente, pero siempre vuelvo al mismo lugar / No queda nada mas por decir / Esto es lo mejor: Dios proveerá un día para nosotros /Mañana.

martes 25 de agosto de 2009

Cómo manejar el miedo al rechazo?

No será este ün post que ayude a manejar los miedos de sentirse rechazado por el mero hecho de salir del closet; al menos no desde el punto de vista de declarar a terceros nuestras preferencias sexuales; sino ese terror paralizante que nos inmoviliza cuando queremos decirle al otro que nos gusta ; porque apartando la preferencia el miedo a un no puede ser incluso más profundo y penetrante que el otro; ya los outsiders tenemos bastante con el discurso elaborado para rompa el vidrio en caso de homólesbofobicos. A mi se me han ido unos cuantos quereres por evitar a fondo el momento crucial de decir me gustas o incluso de ir más allá de una tímida; tibia y poco directa insinuación.... Recapacitando; si a Estefanía Fernandez la colocaron de último lugar en un concurso ; un@ pues sin ese cuerpo y ese cabello; no debería sentirse tan destruid@ cuando se acercan las frases demoledoras y comunes a todos los acercamientos: eres la mejor amiga que he tenido ..... Y a una hirviendole todos los nervios que conducen a la sonrisa vertical . Hace pocos días una chica que me agrada y sobre quien tengo dudas me tocó la pierna varias veces en gesto cariñoso ; pero las mujeres somos tan toconas y regaladas que no fue para mi un gran avance ; total que me concentre en pensar que pasaría si le dijera que me gusta . Todas las opciones me gustaron menos la que se refería al no. Así las cosas intente buscar consejo y ninguno ha logrado que supere esta sensación de ahogo al sólo pensar en un no. Acaso será el ego que impide que la lengua temine de soltar lo que el cerebro le envía ? O es algún complejo rastrero de infancia infeliz y tormentosa al estilo Gigi en la película el simplemente no te quiere ? Quisiera tener un mejor final estimad@s lectores ; pero por los momentos sólo trabajo en ello

viernes 21 de agosto de 2009

Musica Bix

Tenía tiempo sin escuchar buena música así que me puse a buscar en Youtube para ver que encontraba.

Hallé estos videos del mundo bisexual que en son excelentes en verdad! Aquí se los dejo:



viernes 7 de agosto de 2009

LAS LIBERTADES NO SE DAN, ¡SE TOMAN!

viernes 24 de julio de 2009

EL GUIÓN DEL CÓMPLICE Y DEL CODEPENDIENTE

Llegar al mundo se convierte en una especie de graduación en la que, en vez de un título, recibes un guión. No importa si quieres o no interpretarlo. Allí está. En el preciso instante en el que te ven con el pipicito entre las piernas y se declara "es varoncito", te jodiste (al igual que si lo que te ven en la rayita y dicen "es hembrita"). Allí comienza la serie de presuposiciones y atribuciones sobre quién eres y sobre lo que debes, o no, hacer; que si el azul, primero, los carritos y el bate después... La cosa se pone particularmente traumática cuando todos empiezan a preguntar, como angustiados "mira, ¿y las novias?".

Creo que todos conocemos muy bien la historia. Lo que quiero, y precisamente debido a los posts anteriores, es disecarla; sacar los puntos esenciales y ver qué podemos hacer con ellos.

La verdad es que me ha dado escalofrios leer lo de "El Pollo" y lo del muchacho en Cumaná. No solo porque siempre viví en Caracas (y con todo lo peligroso que es, parece que el interior, a veces, solo a veces, puede llegar a ser mucho más salvaje), sino también porque ahora me encuentro lejos de esa homofobia que, a fuerza de ser tan asquerosamente intensa, termina pareciéndonos la cosa más natural del mundo.

En fin, la cosa es que este guión para los "varoncitos" puede resumirse en:
  1. Naces.
  2. Creces y cortejas a una chica (ella se hará la pendeja cuando llegue la cuenta en los restaurantes).
  3. Estudias, te graduas y te casas.
  4. Tienes un hijo (varón preferiblemente).
  5. Tienes el otro (la "parejita", preferiblemente)
  6. Trabajas como perro para comprar el apartamento y pagar los estudios de tus hijos.
  7. Tienes un perro.
Situaciones más, situaciones menos, la cosa va por este camino.

Lo grave del asunto es que todo, absolutamente todo en la sociedad está diseñado para arrearte hacia ese destino al que, para bien o para mal, no nos ajustamos. Y claro, es comprensible que algunos opten por seguir lo que para nosotros resulta una farsa, pues, si nos revelamos, también la sociedad espera de nosotros que nos ajustemos a otro guión.

El primero que describí, entonces, es el del cómplice, pues se alia con los poderes establecidos. El segundo es el del codependiente, el de aquel que confirma que siempre es mejor ser cómplice. Situaciones más, situaciones menos, si un varoncito decide salirse de la norma, entonces tenderá a ser:
  1. Un niño ensimismado, delicado y de poca vida social (nunca jugará beisbol y lo dejarán de último al elegir equipos).
  2. Tendrá una adolescencia conflictiva, será enrollado, cuando no francamente raro.
  3. Se refugiará en su mundo interno, pues es muy difícil cortejar a los del mismo sexo (hará extrañas pruebas para saber si el amigo que le gusta mira hombres o mujeres).
  4. Después de empezar su vida sexual, tendrá un recorrido promiscuo y nunca, nunca, nunca, conocerá el amor.
  5. Tendrá un final horroroso y solitario (el SIDA es el final perfecto para esta parodia o, si no, un crimen de odio o uno pasional; de esos que se pueden poner en primera plana de los periódicos: mató a su "amigo" y luego se clavó un cuchillo en el corazón delante de su mamá, es el titular de la noticia más escabrosa que leí en este sentido).
De nuevo, la sociedad conspira para que los acontecimientos se den de esta manera. Incluso los mismos gays ayudan cuando, al ver al amigo que pierde peso, se encargan de diseminar la "buena nueva"; "yo creo que fulanito ya tiene SIDA".

Así están las cosas, al menos en Venezuela. La mesa está servida con estos platos tan tóxicos y, creo yo, lo primero que debemos hacer es admitir lo mal que estamos en materia de derechos civiles para los sexodiversxs para, acto seguido, empezar a organizarnos y empezar a romper estos moldes en los que quieren meternos.

Cada uno de nosotros debe convertirse en autor de su propio guión de vida, por un lado, pero por el otro tenemos que trabajar colectivamente para hacer frente a la fuerza destructiva de la homofobia. De lo contrario, seguiremos muriendo de sida, aunque solo tengamos gripe.

Rumorología de lo nefastamente gay*


Con esto de que los venezolanos somos muy prolíficos inventando historias del prójimo (algo que difiere bastante del “Ama a tu prójimo como a ti mismo”), decidí investigar por mi cuenta uno de los rumores mas grandes de existen en mi ciudad: La misteriosa enfermedad sufrida por “El pollo” nuestro querisidimo gobernador del Estado Carabobo. Como la idea no es hacer una novela, redactar un cuento, o sencillamente transmitir una moraleja (cada quien que interprete su cosa) lo haré usando números:

1. Lo que origino el rumor fue que desde que el señor gano la gobernación hasta nuestros días no ha estado tan activo políticamente como se esperaba: Según recuerdo, prácticamente al día siguiente de su elección, volvieron a llamar a la mitad del “Parque Negra Hipólita” parque “Fernando Peñalver” (cuyo nombre fue cambiado por el gobernador anterior, afecto al gobierno) como se llamo en sus orígenes. Si eso no es activismo político ustedes me dirán. Pero el caso es que su “no asistencia” a eventos públicos de discutible importancia, su negativa a dar entrevistas o formar parte activa de la oposición como quizá otros esperaban, fue lo que despertó el rumor.

2. Una vez que el rumor de la enfermedad estaba bien afianzado la gente comenzó a hablar: Aparecieron los amigos cercanos, las fuentes cercanas, los que están cerca de su “circulo de amigos” a decir el Gobernador es gay, y que además fue por eso que la esposa lo dejo. De repente ves a tu tía quien solo va a la gobernación 2 veces por año (por decir algo) diciendo que la secretaria privada “del pollo” le dijo que el “carajo estaba enfermo” y para mas colmo por gay. Todo el mundo habla, y siempre apuntando a lo más escandaloso, como lo demostrare con el numeral 3.

3. Como suele pasar en el típico caso del gay enfermo, a nosotros no nos da cáncer o influenza porcina, no, siempre padecemos es de SIDA: De repente a tus oídos llega un rumor de que una supuesta enfermera de “Los Mangos” a sabiendas que esa era la prueba de sangre “del pollo”, se las ingenio para conocer el resultado ¡Escándalo! El pollito tiene SIDA.

4. Después de todo, tristemente descubres que si vivimos en un pueblo: Cuando empiezas a escuchar los matices de la historia de nuestro “Gobernador gay sidoso**”. Que si la esposa lo dejo por que lo encontró con un tal en el baño, que si un amigo del amigo que trabaja como seguridad para ellos, acostumbraba a llevarlo a sitios nocturnos de dudosa reputación (Como que si en Valencia hubieran tantos, eso lo saben hasta los heteros por Dios)… y así.

Al final nos queda el aprendizaje (Si, a veces me contradigo) de que además de ser excelentes profesionales para palear en algo la discriminación, tenemos que tener una salud de roble, so pena de que nos diagnostiquen prematuramente con SIDA. Claro, el mensaje principal es que hay mucha gente sin oficio en la vida.
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* Post inspirado por el ultimo escrito de Pablito.
**Expresión que considero altamente ofensiva, pero que reproduzco, ya que la he escuchado en otras personas.

martes 21 de julio de 2009

"por marico" ¿se lo merece?

En los últimos días una noticia un poquito macabra ha transitado de boca en boca en mi ciudad, Cumaná. Como pocas –poquísimas– veces en este contexto la homosexualidad es noticia aunque, como suele pasar no sólo aquí sino en toda Venezuela, desde una óptica marcada por cierta ideología discriminatoria. La cuestión es que hace unos días [aunque la noticia es enteramente verídica evitaré dar datos precisos, primero, porque no dispongo de ellos y, segundo, porque en realidad no me interesa dar a conocerlos y son irrelevantes para exponer mi punto] desapareció un muchacho. Sus padres, dueños de una tienda más o menos grande en el centro de la ciudad, asumieron que lo habían secuestrado aunque no hubo llamadas, no le contactaron para pedir rescate. Nada. Tras darse a conocer la noticia todo el mundo, como sus padres, asumieron lo mismo. Finalmente, el muchacho apareció. O, más bien, su cadáver destrozado (según se, descuartizado). Poco a poco la trama se fue desentramando y entre lo mucho que puede que sea (y seguramente es) mentira y lo poco que haya de verdad la historia que se comienza a tomar como oficial es la siguiente: el sujeto, descendiente de una familia árabe relativamente acaudalada, había sido comprometido y estaba pronto a casarse. Dada la situación, el difunto decide hablar con su antiguo amante (hombre) para terminar la relación, quizá abriéndose a la posibilidad de “regeneración” que el matrimonio arreglado le ofrecía, quizá porque se cansó del “chuleo” al que supuestamente era sometido. Es difícil saberlo ahora. El hecho es que el amante enervado ante el abandono lo llama por última vez, lo cita en un pueblo cercano y allí lo mata. Lo mata, supuestamente, a golpes y deja su cuerpo, según se, en tal estado que se asume que el muchacho fue victima de una horrible tortura donde le fueron cortado algunos miembros y donde posiblemente hubo violación. Agreguese a la historia, además, –para deleite de amarillistas y homofóbicos– algo de drogas, sexo, dinero, carros a alta velocidad y música a todo volumen.

Ahora bien, ¿cuál es la reacción de la gente? Un amigo me contó hoy que, a propósito de lo sucedido, su madre había retomado el discurso eclesiástico: "Viste, hijo, viste lo que pasa cuando se va en contra de los designios de Dios". Ese Dios que castiga y mata a golpes, ese Dios que tortura, ese Dios que no le cierra sus puertas a los homosexuales siempre que estén dispuestos a transformarse, ese Dios que condena la legitimidad del amor entre dos personas del mismo sexo y el simple derecho de ser de las personas que, sólo por decir algo, no están totalmente a gusto con su cuerpo. Mi hermana, por su parte, que me adora y me ha apoyado siempre en todo, no puede evitar advertirme que tenga cuidado, que hay gente mala por ahí, que no confíe en nadie. Si, dejándose llevar por algo que es irremediablemente más fuerte que ella, lo que me esta diciendo mi hermana es que tenga cuidado con los maricos: mira de lo que son capaces. Mientras tanto mi abuelo y mi tío retoman una discusión de larga data. Uno afirma que la homosexualidad es una enfermedad, una falta cromosomica o algo así, una disfunción que viene de nacimiento. El otro no. Mi tío afirma que eso es una conducta totalmente aprendida, una cuestión meramente psicológica, un trastorno, resultado de ciertas condiciones sociales.

Si, la muerte de un homosexual siempre levanta polvo o, más bien, tierra: la tierra con la que sepultan no sólo al gay muerto sino a todos los demás que quedamos vivos pero enterrados en la clandestinidad… porque ser homosexual es una cosa asquerosa, porque los homosexuales somos unos enfermos. Parias que deben quedarse donde no llega la luz. Al final, por lo menos a mi no me parece errado decir que este sea otro crimen de odio más, y de los peores: de los que no se quedan ahí, en el crimen mismo, sino que fomentan y reproducen los prejuicios y, precisamente, el odio en nombre del cual se mata o se justifica la muerte. Porque fue la homofobia la que llevó a este muchacho a buscarse un “amante” que, a cambio de dinero, le hiciera ciertos “favores”, la misma que en el intento de inhibir la “desviación” reduce la homosexualidad a una cuestión meramente sexual. Imposibilitado de crear vínculos afectivos y efectivos con gente como él para no ser descubierto, ese muchacho (probablemente bajo la presión aún mayor de la estricta comunidad árabe venezolana) prefirió aislarse del mundo y mantener una parte esencial de su ser en secreto, reprimirse, darle dinero a cualquiera por sexo e ir a un último encuentro siempre tamizado por la clandestinidad, mientras sus padres le montaban el teatro de un matrimonio.

* Para que, al final, todo el mundo se enterara de la manera más escabrosa de su verdad y la familia deshonrada –al tiempo que se seca las lágrimas– haya tenido que esconderse como el avestruz. Totalmente exculpada, claro.

* Para que, al final, significativa y paradójicamente, la que muchos suponen que era su mejor amiga (“porque siempre andaba con él”) afirme no haberse enterado nunca de su homosexualidad (¿ni siquiera a ella se lo dijo?). Y peor aún, después de todo, incluso la niegue como queriendo absolver de ese terrible pecado a su amigo ahora muerto o simplemente negándose a creer que alguien a quien quiso en vida lo hayan matado “por marico”.

* Para que, al final, la sociedad quede totalmente libre de culpas y la única victima de todo el asunto se convierta, gracias a la magia de la homofobia, en uno de los imputados.