17/4/2014

Gente rara 08

Entre tantas cosas, casi nunca es fácil terminar Gente rara, por todo menos porque falten ganas de hacerla. Hoy colgamos finalmente el octavo número de la revista que trata, en esta oportunidad, la cuestión de “las mujeres”. Valdría la pena disculparnos con todxs lxs que colaboraron, si no fuera ya un lugar común estos retrasos que sufre la publicación. En todo caso, estamos felices de que este ya a disposición de todxs aquellxs a lxs que le interese, de alguna u otra forma, todo lo (poco o lo muy) rarxs que podemos ser. Esperemos que estén ustedes tan felices como nosotrxs. Por supuesto, gracias a quienes pusieron en nuestras manos sus trabajos, y gracias también a quienes nos leen (que en la última edición, sobrepasaron los 30.000 en issuu) y a quienes esperan cada cierto tiempo, porque renovemos nuestro inventario de cosas para mostrarles.


14/4/2014

De sociedades matriarcales

Si bien es cierto que Engels planteó alguna vez la existencia de una fase "matriarcal" de la historia primitiva de la humanidad, también recuerdo haber leído que tal supuesto estaba impregnado de una visión condescendiente y sesgada frente a la posibilidad de que las mujeres (tan irracionales ellas, hasta para la mayoría de los grandes socialistas de Occidente) pudiesen haber dirigido los destinos del colectivo.

Otrxs dirán que no existe hoy, ni ha existido nunca, sociedad alguna que se pueda considerar verdaderamente matriarcal. Otrxs quizá simplemente no quieren que eso exista o llegué a existir jamás. En fin, más o menos sesgadas, hay posturas al respecto, y puede uno estar o no de acuerdo. Lo fundamental es tener en cuenta que otras formas de organización son posibles y han existido en los hechos; por lo tanto, el orden nuestro no es ni el único ni el necesario, mucho menos inmutable.

Acompañando la puesta en línea del octavo número de Gente rara, a continuación reproducimos un texto de María Llopis acerca de la existencia (aún hoy) de culturas donde las relaciones sociales dan cabida a posibilidades de vida distintas de las que conocemos.


Guía para una sociedad matriarcal y ecofeminista
-por María Llopis

“Los seres humanos serán más felices no cuando descubran la cura para le cáncer, lleguen a Marte, eliminen los prejuicios raciales o drenen el lago Erie, sino cuando encuentren la manera de volver a vivir en comunidades primitivas. Esa es mi utopía.” Kurt Vonnegut, hijo.


Las sociedades matriarcales no son el simple recuerdo de un pasado mejor y que jamás ha de volver al que hacen referencia feminismos nostálgicos. Las sociedades matriarcales son una realidad de nuestros días, como lo demuestra la existencia de los Mosuo, una sociedad matriarcal situada en torno al lago Lugu, que se encuentra entre las provincias de Yunnan y Sichuan, en el sudoeste de China. En la actualidad cuenta con unas 56.000 personas. O los cuatro millones de Minangkabau que viven en Sumatra Occidental.

Esta guía pretende trazar una serie de reglas básicas para matriarcalizar nuestras vidas. Son tiempos estos de revolución, y el sistema patriarcal capitalista es a todas luces insostenible. Matriarcado o muerte.

1.- La unidad familiar se articula en torno a las madres.

La matriarca es elegida entre los miembros de la familia. Hijos, sobrinos, abuelos y primos viven bajo el mismo techo. Los hijos que vienen se quedan a vivir en la casa materna y son criados entre todos. Así que para tener una familia no necesitas ir a buscar a un extraño, tu familia estará siempre ahí para ti, independientemente de las relaciones amorosas que tengas en tu vida.

“Las personas no deberían casarse, porque el amor es como las estaciones, viene y va.” Yang Erche Namu (Mujer mosuo)

En la actualidad nuestras unidades familiares son catastróficas, precisamente porque se articulan en torno al amor romántico. En este sentido, el matrimonio concertado es una opción más sincera y eficaz de organización social, si nos ponemos reformistas. El objetivo sería establecer núcleos familiares que no tuvieran como base el amor romántico o la pasión sexual.

La familia matriarcal es incompatible con el matrimonio, todos sus integrantes son consanguíneos. Y la sexualidad nunca funda un hogar. Para practicarla debe ir fuera de sus límites. Esto les da la libertad de enamorarse sin correr el peligro de que, si les va mal, pierdan amor y familia al mismo tiempo.

2.- Un cuarto propio.

Las muchachas Mosuo, a la edad de 13 o 14 años, acceden a un cuarto propio. Es una habitación que tiene acceso al interior de la vivienda común pero también tiene una segunda puerta que da al exterior. Las muchachas tienen autonomía total a la hora de decidir quien entra en esa habitación. La única regla es que sus invitados deben marcharse antes del amanecer. Pueden traer a distintos amantes cada noche, o tener siempre el mismo. No se espera ningún tipo de compromiso y los hijos que pudieran concebir serán criados en la casa de sus madres, con la ayuda de la comunidad.

Así que la primera regla para una sociedad matriarcal sería el poder disponer de un cuarto propio, como ya dijo Virginia Wolf. Pero un cuarto propio en el que las mujeres (y por lo tanto los hombres, y todo aquel que no se identifique con uno u otro sexo) puedan follar con tantas personas como quieran.

Ese cuarto propio se llama Babahuago en la cultura Mosuo y quiere decir cuarto de las flores.

3.- Ellas lo hacen mejor.

En las sociedades matriarcales, el trabajo es la responsabilidad de las mujeres. Hay una frase que se repite en las entrevistas que leo sobre los Mosuo, y es: Ellas lo hacen mejor. Las mujeres trabajan mejor, porque su interés no es la acumulación de capital sino el bienestar de las criaturas y de toda la comunidad.

4.- Paternidad múltiple.

Entre los Mosuo, se considera que los hombres tienen responsabilidades paternas no para con los niños que pudieran engendrar en sus visitas a los cuartos de las flores, sino para con los hijos de sus hermanas. La aportación paterna está desligada de la paternidad biológica. En la lengua de los Mosuo, Awu significa tanto padre como tío.

De hecho, los hijos de tus hermanas son hijos de tu misma sangre, es la única paternidad biológica certera que no supone un control de la sexualidad de la mujer. No es posible saber quien es tu hijo biológico si no hay un acuerdo previo de fidelidad.

“Cuando Paul Le Jeune, misionero jesuita del siglo XVII, semoneó a un indio montañes del Canadá sobre los peligros de la infidelidad desenfrenada que el jesuita había observado, recibió en respuesta una lección de paternidad bien entendida. Recordaba el religioso: Le dije que era deshonroso que una mujer amara a otro que no fuera su marido, y que, habiéndose extendido entre ellos este mal, él mismo no podía estar seguro de que su hijo, que estaba presente, fuera su hijo. Él me contestó: 'Dices necedades. Vosotros los franceses sólo amáis a vuestros hijos; pero nosotros amamos a todos los hijos de nuestra tribu'”. Christopher Ryan y Cacilda Jethá (En el principio era el sexo: Los orígenes de la sexualidad moderna, 2012).

La base de la sociedad patriarcal es ese control de la sexualidad de la mujer, para que ellos se aseguren la paternidad y así poder dejarles en herencia sus bienes. Cuando las sociedades humanas empezaron a cultivar la tierra y a tener animales domésticos, se creó un nuevo orden social con estructuras de poder jerárquicas, propiedad privada y un cambio radical del estatus de la mujer, que pasó a estar a disposición sexual y reproductivamente del hombre.

Pero este tipo de organización social empezó 8.000 años antes de Cristo, y teniendo en cuenta que los humanos anatómicamente modernos existen desde hace no menos de 200.000 años, hace que ese tiempo sea como mucho un 5% de la experiencia colectiva. No es tanto. No lo aceptemos como la única realidad posible, es un invento reciente que funciona fatal.

Allá donde la paternidad no importa mucho, los hombres tienden a despreocuparse de la fidelidad sexual de las mujeres.

5.- Rechazo a la agresividad y gobierno consensuado.

El jefe de cada aldea es un hombre elegido por la comunidad. Una de sus principales funciones es mediar entre vecinos. Ser agresivos, tanto fuera como dentro de la comunidad, los deshonra. La violencia genera rechazo. Cualquier reacción desmedida, especialmente el uso de la fuerza, es mal vista. Lo que en nuestro mundo puede verse como valentía o virilidad, a ellos les resulta intolerable. El término exacto es que los avergüenza. Es por eso que recurren al jefe de la aldea para que imponga su autoridad a tiempo, antes de que las disputas se compliquen.

Los Minangkabau sostienen que no es posible el gobierno, ni de hombres ni de mujeres, ya que la toma de decisiones ha de ser consensual.

Los Mosuo sostienen que los hombres tienen capacidad para tomar las grandes decisiones. Ellas manejan la hacienda, la vida en la propiedad y administran el dinero. Pero tomar grandes decisiones como construir algo que la familia necesita, vender un animal o emprender un viaje no es algo a lo que sean proclives. Es difícil de entender, pero a las grandes decisiones no las consideran importantes.

6.- Los hombres tienen que llevar gorra.

En la puerta que da al exterior de los cuartos de las flores hay un gancho que sirve para que el visitante de esa noche deje su gorra. Así se sabe que este cuarto está ya ocupado. Supongo que si quieres más de un visitante, basta con esconder las gorras. O si esa noche no quieres visita puedes coger una vieja gorra y colgarla en el gancho. Esto son especulaciones mías. De todas formas los encuentros se concretan durante el día.

Siempre he tendió un fetiche sexual con las gorras. Los grandes amantes y amores de mi vida han llevado gorra. Quiero pensar que es un guiño de mi inconsciente al matriarcado.

7.- El respeto a la libertad individual y el rechazo social a los celos.

La costumbre prohibe que en el hogar familiar se hable de amor o de relaciones románticas para así evitar conflictos y celos. Se espera de todo el mundo una discreción extrema. De igual forma que cada persona puede tener las relaciones que quiera, se espera que se respete la intimidad de los demás.

Manifestar celos abiertamente se considera agresivo por lo que implica de intrusión en la sagrada autonomía de otra persona, y en consecuencia, merece ser objeto de burla y escarnio.

“En la ceremonia nupcial de los canela, los novios se tumban en una estera, cada uno con los brazos bajo la cabeza del otro, y con las piernas entrelazadas. Luego da un paso al frente el hermano de la madre de cada contrayente y advierte a la novia y a su nuevo marido que permanezcan juntos hasta que esté crecido el último de sus hijos, y les recuerdan específicamente que no han de tener celos de los amantes del otro.” Sarah Blaffer Hrdy.

8.- La relaciones Açia, traducidas como “matrimonio andante”.

La mecánica de las relaciones Açia en la cultura Mosuo se caracteriza por un respeto reverencial a la autonomía de cada individuo independientemente de su sexo. Todos tienen la libertad de tener tantas relaciones como quieran y la relación dura mientras las personas lo quieran. Pueden tenerse varias relaciones Açia al mismo tiempo ya sea por una noche o por un periodo largo. Un voto de fidelidad sería considerado improcedente, como un intento de negociación o intercambio.

9. El bienestar de las criaturas como base de la sociedad.

Las mujeres Mosuo dan a luz y se quedan con su hijo durante un año más o menos. Después vuelven al trabajo y la abuela y las tías se ocupan de los cuidados de la criatura. El bienestar de las criaturas es el eje fundamental de la organización social. Se tiende a pensar que un matriarcado vendría a ser lo contrario que el patriarcado: en vez de ser las mujeres las oprimidas, serían los hombres. Nada más lejos de la realidad, es la crianza la prioridad de la sociedades matriarcales.

10.- Ecología.

Los Mosuo veneran el lago Lugu como Diosa Madre, mientras que la montaña que se eleva sobre él, Ganmo, es respetada como Diosa del Amor. La filosofía social de los Minangkabau, en Sumatra, merece nuestra atención por el énfasis que coloca en conseguir el equilibrio con la naturaleza y resolver las diferencias entre las personas.

Casilda Rodrigáñez, en su libro La sexualidad y el funcionamiento de la dominación, nos dice: “Las relaciones de dominación son una plaga, un veneno mortal, una peste que ha invadido la Tierra y que poco a poco va acabando con sus ecosistemas, empezando por el humano. El ser humano está destruyendo el ecosistema de toda la Tierra en la medida en que ha destruido el suyo propio. No es casualidad que las sociedades que vivían según las cualidades innatas humanas, vivían también en armonía con la madre Tierra.”

Así que represión de la sexualidad, patriarcado capitalista y la destrucción de la Tierra van de la mano.
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Nota de la autora: Cuando hablo de mujeres y hombres en esta guía quiero señalar que me refiero tanto a bio hombres y bio mujeres como a personas que transitan entre géneros y que se han apropiado de la definición de hombre y mujer libremente.