[...] Cuando las ideas y las prácticas reales de los individuos se pierden detrás de las batallas de los gigantes ideológicos, la teoría y la práctica se desafilan, se consumen totalmente para ajustarse a las diversas construcciones ideológicas que representan los bandos de esta batalla. Las afinidades y las diferencias reales se eclipsan por la necesidad de adherirse a un bando en estos falsos debates. E, indudablemente, somos instados a tomar partido por uno de los bandos, incluso cuando no encontramos llamativa ninguna de las opciones y más bien simplemente sigamos nuestro propio camino creando nuestros proyectos de revuelta como queramos. Y, por supuesto, solo distanciándonos de los falsos debates podremos volver a entrar en la interacción crítica real con aquellos que deseen rechazar conscientemente los métodos para evitar el debate real.