23 jul. 2011

Identidad, diversidad y movimiento

A pesar de que Rodrigo Navarrete ha sido uno de los investigadores sociales que en nuestro país se ha dedicado en los últimos años al estudio de la diversidad sexual, Nosotros y los otros (Monte Ávile, 2006) no tiene mucho que ver con eso. Este libro es el resultado del trabajo de pregrado de Navarrete (1989) y, por lo tanto, se enmarca dentro de la arqueología social, carrera que cursó en la UCV. No obstante, no deja de ser interesante el esfuerzo del autor por sobrepasar los límites de las escuelas arqueológicas clásicas, a través de un análisis contextualizado que toma como base las categorías marxistas y el materialismo histórico como referencia teórica y metodológica. Y, más interesante aún, es el acercamiento a la cuestión cultural y, particularmente, al concepto de identidad. En ese sentido, hay dos aspectos claves que aborda Navarrete y que me parece importante traer acá: primero, la noción de identidad como confrontación necesaria con un "otro" y, luego, la distinción entre conciencia habitual y conciencia reflexiva, donde la cultura estaría inscrita en la primera y la identidad en la segunda.


1. Según Navarrete, "la identidad conlleva la necesaria identificación con aquello que presenta las mismas propiedades y condiciones que sí mismo y, a su vez, la diferenciación de todo aquello que representa disimilitudes con el 'idéntico'". Es, pues, "afirmación de sí mismo", "sentido de pertenencia a ciertas condiciones y propiedades" y "a un grupo social especifico", pero al mismo tiempo es también "diferenciación con lo diferente" y "negación del otro desde la noción del 'yo' -individual o social-".

Desde lo planteado por este autor, cabría preguntarse si es posible un movimiento realmente integrado donde las particularidades de lesbianas, gais, transexuales, transgénerxs, intersexuales, bisexuales y travestis, entre otrxs, confluyan en un mismo proyecto y un mismo ideal de cambio. Ese que ha tratado de resumirse en las siglas LGBTI que, aún así, tienden a variar en cuanto a su orden y prevalencia de una u otra letra, según las persona o el grupo que la cita. Parece evidente que la formación de la comunidad LGBTI en el mundo ha partido de la diferenciación con "otro" grupo (el dominante, en este caso) más que de la identificación interna; siendo que la posibilidad de una identidad colectiva que englobe a todas aquellas personas que no encajan en los parámetros heterosexuales, sólo puede construirse con base en las diferencias especificas de los grupos que dan vida a esta comunidad. Si hay una condición y propiedad inherente a este grupo es la diversidad; por lo tanto, en la medida en que ésta se asuma como valor intrínseco e irrenunciable de la comunidad y como base de una identidad compartida, el movimiento -entendido como proyecto social y político de cambio- dará resultados positivos para quienes lo integran.

2. De allí la importancia del segundo aspecto extraído de los planteamientos de Navarrete. Según su tesis, "la identidad no puede ser más que el producto de una praxis, de la manera particular en que los individuos se organizan para producir y reproducir ciertas condiciones de existencia..."; por lo tanto, "surge de las características particulares del modo de vida y, a su vez, sirve como elemento de sustentación y legitimación de las condiciones de éste". Es decir, la identidad (diferente de la cultura y de la etnicidad) se construye en un nivel de conciencia reflexiva, en la medida que la identificación se hace consciente al reconocernos como parte de un grupo. Pero también es el resultado del modo en que el grupo vive, de las condiciones de existencia en las que se ha desarrollado y se sigue desarrollando. En la construcción de la identidad intervienen, entonces, por un lado, la forma en que vivimos, la misma que nos llevará a percibirnos como parte de un grupo determinado y, por otro lado, la decisión consciente de pertenecer a ese grupo. En suma, si la condición y propiedad que nos une como comunidad es la diversidad, el primer paso hacia la construcción efectiva de una identidad progresista que nos identifique (y que nos permita identificarnos) como comunidad debe ser precisamente (el respeto y reconocimiento de) la diversidad, no como instrumento retórico ni como intento de asimilación de todos los grupos a un solo modelo de "ser", sino como proyecto de vida asumido que se refleje en la forma en que el colectivo se organiza, se articula y se relaciona internamente. (Fuente foto)

Artículos en línea de Rodrigo Navarrete:
- "El Estilo de Colina:Representaciones homosociales en la Venezuela reciente", Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, 2006.
- "La burriquita tiene bigotes: Travestismo e inversión sexual en las manifestaciones populares venezolanas", Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, 2009.
- "¿Podría ser un feministo (homosexual)?", Aporrea.org, 2007.

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