12 jul. 2010

Ulrichs uranista

Karl-Heinrich Ulrichs, filósofo, abogado y teólogo alemán que vivió entre 1825 y 1895, puede decirse que fue el primer hombre gay de la historia occidental. El fue gay incluso antes de que la palabra "homosexual" apareciera con el significado que hoy se le atribuye. Y fue gay y estaba sumamente orgulloso. Ulrichs dedico casi toda su vida a luchar por los derechos naturales de los "hombres que desean otros hombres", tanto desde el derecho como desde el activismo político, creando a través de sus escritos el término urning (lo que sería uranista, en castellano) para referirse a esta parte de las hombres que no quieren estar con mujeres sino con otros como él, categoría en la que evidentemente él mismo se incluía.

En 1870 Ulrichs presentó un discurso en defensa de los derechos del urning; el mismo tiene una tendencia marcadamente naturalista del deseo sexual, muy acorde con la época, cuestión que hoy en día, a la luz de diversas teorías e investigaciones, puede ser cuestionable; no obstante, es impresionante que, después de 140 años, la mayoría de los puntos tratados en el mismo sigan teniendo tanta vigencia toda vez que, aún hoy, parece necesario estar aclarándole a algunas mentalidades que los urning (para hablar en los términos de nuestro autor) también somos personas.


El urning, también, es una persona. El, también, por lo tanto, tiene derechos inalienables. Su orientación sexual es un derecho establecido por la naturaleza. Los legisladores no tienen nungún derecho a vetar la naturaleza; ningún derecho a perseguir la naturaleza en el curso de su trabajo; ningún derecho a torturar a criaturas vivas que están sujetas a esos impulsos que la naturaleza les dio.

El urning también es un ciudadano. El, también, tiene derechos civiles; y de acuerdo a esos derechos, el estado tiene ciertos deberes que cumplir también. El estado no tiene el derecho de actuar por capricho o por el placer de la persecución. El estado no está autorizado, como en el pasado, a tratar a los urnings como si estuvieran fuera de la ley.

Esta claro que los legisladores tienen el derecho a hacer leyes que contengan expresiones del deseo urning, al igual que los legisladores tienen el poder de legislar sobre el comportamiento de todos los ciudadanos. Así, pueden prohibir a los urnings:

(a) la seducción de menores masculinos;
(b) la violación de los derechos civiles (por la fuerza, amenaza, abuso de personas inconscientes, etc.);
(c) la indecencia pública.

La prohibición de la expresión del deseo sexual, es decir, entre adultos que consienten y en privado, queda fuera de la esfera legal. Cualquier base para la persecución legal es insuficiente en este caso. Los legisladores no pueden hacerlo debido a los derechos humanos y el principio de estado constitucional. El legislador no puede hacerlo por las leyes de la justicia, que impiden aplicar un doble estándar. Mientras que el urning respete los puntos (a), (b), y (c) más arriba, el legislador no podrá prohibir que siga los designios de la ley natural a la que está sujeto.

Dentro de estos parámetros, el amor urning no es en ningún caso un crimen real. Todos los indicadores faltan. Incluso no es vergonzoso, decadente o malvado, simplemente porque es el cumplimiento de una ley natural. Está reconocido como uno de los múltiples crímenes imaginarios que han plagado los libros de leyes de Europa, para vergüenza de las personas civilizadas. Criminalizarlo parece, por lo tanto, una injusticia perpetrada oficialmente.

Simplemente porque el urning es desgraciadamente una minoría pequeña, no se puede dañar sus derechos inalienables y sus derechos civiles. La ley de la libertad en el estado constitucional también debe considerar sus minorías.

Y no importa lo que hayan hecho los legisladores en el pasado, la ley de la libertad no conoce límites.

Los legisladores deberían abandonar la esperanza de desarraigar el impulso sexual urning en cualquier momento. Incluso las ardientes hogueras en las que quemaron a los urnings en siglos anteriores no pudieron conseguirlo. Incluso amordazarlos y atarlos fue inútil. La batalla contra la naturaleza es una sin visos de victoria. Incluso el gobierno más poderoso, con todos sus medios de coerción que pueda emplear, es demasiado débil contra la naturaleza. Por otra parte, el gobierno puede controlar la batalla. El razonamiento y la consciencia del sentido moral de los mismos urning ofrece al gobierno una cooperación completa hacia ese objetivo.

Fuente: Wikipedia